Al gran pueblo argentino,

Por Ángel Ghirimoldi. La historia de la Argentina tiene improntas determinantes que, no podría ser de otra manera, están emparentadas con otros pueblos latinoamericanos por circunstancias similares a pesar de la diversidad de etnias y pueblos originarios.
La conquista, por parte de las potencias coloniales de ese entonces, estuvo signada por acontecimientos históricos que eran imposibles de evitar. El hecho de tratar de encontrar un camino alternativo a la India para proveerse de especias, dio el empuje a los aventureros para internarse en la mar océano, venciendo los temores a ser tragados por los monstruos marinos o caer desde un precipicio sin fin, porque –como todos sabemos-, la tierra era plana.
La aventura hizo chocar a Colón con lo que él creyó que eran Las Indias, eso terminó con la teoría de la tierra plana y significó, ni más ni menos, el comienzo del exterminio de los pueblos originarios.
América estuvo signada, desde ese entonces, por el advenimiento de hombres de poco escrúpulo que llegaron con el fin de enriquecerse y, desgraciadamente, no midieron los daños en vidas que tiñeron de sangre y aniquilación a estas tierras.
Por eso los acontecimientos que luego ocurrieron eran, casi, inevitables.
El nuevo continente era rico y había que descubrir si el oro de los Incas se escondía en algún lugar de la selva amazónica o en las alturas de los Andes. Todos los caminos eran buenos, todas las vidas eran molestas. Se inventaron los primeros, se masacraron a los otros.
Las ciudades que se levantaron debían proveerse de los elementos que se fabricaban en Europa y fue allí donde los españoles debieron luchar contra otro imperio, más comercial y más ávido de materias primas: Inglaterra. Por eso se instaló la gran aduana en la incipiente Buenos Aires, pero a la par se construyeron túneles por todos lados, con el fin de evadir el freno que esa aduana ponía a productos que no fueran españoles, se institucionalizó el contrabando.
Cuando el 13 de mayo de 1810 se conoció en Buenos Aires que había caído la Junta de Sevilla en manos de Napoleón, Buenos Aires ya estaba invadida por los vicios y las trampas de los inescrupulosos.
Sin Rey, el Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, luego que Juan José Castelli acompañado de Cornelio Saavedra le exigiera la dimisión inmediata, caso contrario se haría por las armas, debió hacerlo y así, el 25 de Mayo se instituyó la Junta Gubernativa del Río de la Plata, constituida por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios.
Los primeros cien años, luego del grito de libertad, se desarrollaron entre peleas internas, la ilegalidad de los caudillos que imponían propias normas en las provincias, la pelea contra el centralismo porteño y los que, por debajo de la mesa, vendían al país a otros imperios, sostenidos por la oligarquía ganadera que ya se había institucionalizado como una casta dominante. Así nacieron los ricos (muy ricos) y los pobres serviles, esteriotipados en el gaucho: vago e inculto -según las palabras de Domingo F. Sarmiento-.
En ese período se contrajo la primera deuda externa. Durante la década de 1820, Bernardino Rivadavia (admirador de todo lo europeo y, particularmente, de lo inglés) se presentó como el principal exponente de la burguesía porteña. Su política antinacional estuvo dirigida a favorecer exclusivamente los intereses del puerto de Buenos Aires y de Inglaterra. Contrajo con la casa Baring Brothers un empréstito por un millón de libras de las cuales sólo llegarían 700.000. De este monto había que descontar 120.000 en concepto de comisión para intermediarios y una retención de 130.000 en concepto de garantía (¿?), el hecho que quedaron 520.000 libras, que deberían llegar al país en lingotes de oro. Pusieron los ingleses como excusa que era peligroso mandar ese metal en barco porque podía ser robado por piratas, así que llegaron al país bonos (letras de cambio). Esa deuda, que nunca llegó a las arcas del país fue terminada de pagar en 1947, en el gobierno de Perón.
Además ese período se caracterizó por el fraude electoral y las primeras oleadas de inmigrantes. Cuando llegó el 25 de mayo de 1910 encontró al país con la presidencia de José Figueroa Alcorta, quién asumió en 1906 al ser vicepresidente de Manuel J. Quintana que falleciera en tal ocasión. Se decía que Argentina era el granero del mundo y se lo ubicaba dentro de los primeros diez países más ricos del mundo. Sin embargo los pobres pululaban por doquier, los inmigrantes eran víctimas de una ley de migración que, por el sólo hecho de pensar distinto al gobierno, podían echarlos sin más. Además, siguiendo la línea oligárquica del momento, entre las figuras que concurrieron a los fastuosos acontecimientos, estaba la Infanta Isabel de Borbón. Los ricos miraban a Europa, los pobres a sus carencias. El centenario se celebró bajo estado de sitio, para que molestaran los indigentes.
Los segundos cien años también se destacaron por las convulsiones internas. En la década del 30 Hipólito Irigoyen hace un trato con una petrolera soviética, la Luyamtorg. La oposición lo tildó de Bolchevique. A la par ocurría el crack de la Bolsa de Wall Street el 29 de octubre de 1929, que empobreció al mundo y, por supuesto a la Argentina que ya tenía dependencia con EE.UU. Y fue así que José Félix Uriburu se presentó ante la historia como el primer militar en derrocar a un presidente y le dio entidad a los sucesivos golpes que sufriera la patria.
Cuando llegó al poder Juan Domingo Perón, en 1946, el mundo estaba en guerra. Ya asumido institucionalizó el primer plan quinquenal y dio a la clase obrera preponderancia. Los sindicatos fueron la base de su gobierno. Realizó diversas obras, se dedicó a fortalecer la educación de los humildes, planes sociales para casas, impulsó los deportes y reformó, en 1949, la Constitución Nacional lo que le permitiría su reelección. Durante ese período nace una fuerte clase media con aspiraciones a media alta. Su segundo gobierno, luego de la reelección, no tuvo iguales parámetros. Se había terminado el dinero que dejaron los granos luego de finalizada la guerra, por lo que el segundo plan quinquenal estuvo teñido por una economía más tradicional donde aparecieron los ajustes a salarios y pensiones, las negaciones con petroleras extranjeras y la acusación por parte de la oposición de autoritarismo y poca libertad. Fue derrocado por la Revolución Libertadora el 16 de setiembre de l955. Regresaría luego, en 1973, pero a morir mientras se desarrollaba su tercer mandato.
Se sucedieron gobiernos débiles que, sucesivamente fueron derrocados hasta llegar al nefasto golpe de 1976.
Cuando se regresa a la democracia, en l983, el país estaba acabado por la mala administración de los golpistas, por la guerra de las Malvinas y por los desaparecidos. Llegó el neoliberalismo que acabó con la industria nacional y, por si fuera poco, se vendió todo lo que se podía vender a precio vil y a los amigos del gobierno. El 2001 encontró a campesinos empobrecidos, 53% de pobreza y, prácticamente, las arcas sin un dólar. La deuda externa aterraba y se avizoraba la destrucción total del país. Después la vergüenza total: se sucedieron cinco presidentes en una semana, uno de ellos Rodríguez Saá, decretó la suspensión del pago de la deuda externa y, ahí sí, nos aislamos del mundo.
Sin embargo no se logró la destrucción total, por el contrario, el pueblo que se acercaba al Bicentenario tuvo la entereza de comenzar a crecer, darle mayor preponderancia a la educación y, por sobre todas las cosas, con distintas ideologías y matices, tener un sentimiento patriótico que, por primera vez en la historia unió distintas naturalezas.
El 25 de mayo de 2010, ese mismo pueblo, pidió a gritos cantar el Himno Nacional y millones de voces emocionadas alzaron sus voces clamando a través de los versos de la canción patria, el verdadero grito de LIBERTAD.

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