De trampas, operetas y desaguisados

Por Ángel Ghirimoldi. A veces y a manera de ejemplificación, tomamos algún elemento de la cultura para simplificar un hecho y ponerlo en contexto conforme a nuestro pensamiento. Decimos, por ejemplo, que algo que estéticamente posee perfección y romanticismo tiene poesía, que una orquesta de tango muy bien afinada y con arreglos complejos, suena como una sinfónica, etc. Cuando se trata de hechos de la vida cotidiana y que, por su cercanía con lo bizarro nos causa animadversión, decimos que es una mala comedia y, cuando esos hechos con similares características se llevan a cabo en el Congreso de la Nación, lo calificamos de opereta.
Presenciamos, hace unos días, una actuación burda y compleja en la Cámara de Diputados cuando el oficialismo pretendió la aprobación del Presupuesto 2011, para que el gobierno tuviera su ley de leyes -como ha sido calificada por la cátedra-, pero por una serie de circunstancias, entre las que se mencionó el soborno, dicha norma fue relegada.
Desde que regresamos a la democracia y con los sucesivos gobiernos, los presupuestos siempre fueron aprobados, aunque los mismos tuvieran el veneno dentro. No olvidemos que la mayor parte de lo que se recaudaba se utilizaba para el pago de la deuda externa, que, por errores de cálculos, nos metieron en dos hiperinflaciones, que se bajó el sueldo a empleados y jubilados con el fin de “secar” la plaza, sin mirar si la gente tenía o no para comer, etc., etc.. Pero estaba la expectativa, esa que hace que la ilusión termine el día de las elecciones y por la cual siempre se tiene la esperanza de que el próximo gobierno “podríamos ser nosotros”. Entonces, si hoy apruebo este presupuesto, el que nosotros mandemos oportunamente, también será aprobado.
Esta regla elemental no se cortó hasta la opereta que montaron algunos en la última reunión de diputados, con el fin de poner palos en la rueda y, quizás, intentar apoyo popular para próximas elecciones.
Elsa Álvarez y Cynthia Hotton, ambas diputadas, manifestaron que recibieron llamadas para retirarse del recinto. Aclararon luego que en ningún momento le ofrecieron dinero o fueron amenazadas y que se guardarían la identidad del que había hecho el llamado, ¿?. ¿Por qué dijeron lo que dijeron? Es de recordar que Cynthia Hotton fue una de las que pusieron murallas en la oportunidad en que se discutió la ley de matrimonio igualitario, objetando cuestiones de conciencia y otros aditamentos morales.
Cuando se logró postergar el tratamiento de la ley y el periodismo se lanzó sobre las opiniones de aquellos que deseaban decir lo suyo, hubo dos personajes que de a poco se están convirtiendo en siniestros y que nada recuerdan de su pasado y convicciones: Elisa Carrió y Patricia Bullrich. Es dable memorar que Patricia Bullrich fue una espada de varios gobiernos y justificó el achicamiento de sueldos y presupuesto destinado a empleados públicos y jubilados. Auspició todo lo que estuviera contra el aseguramiento del trabajo y los obreros y no tuvo pruritos de saltar de un bando a otro sin importarle si eran de izquierda o de derecha. Este personaje manifestó que, de no haber obrado como lo habían hecho, seguramente el presupuesto hubiera sido aprobado.
En tanto Elisa Carrió tuvo lo suyo. Hace unos meses, en una entrevista que le hiciera Luis Majul, la diputada expresó que al gobierno, si no se atenía a un obrar como los de la Coalición Cívica pretendían, le iban a “derogar” el presupuesto y lo harían con toda la oposición. Mientras le guiñaba el ojo a Majul, que la miraba azorado, le expresó que sin el presupuesto se quedarían sin nada. Hay que recordar que la señora Carrió fue la que defendió en la convención constituyente de 1994 el famoso “pacto de Olivos” y, quizás, ese momento le sirvió de plataforma para lanzar su carrera política. Volviendo al tema, cuando se estaban produciendo los discursos finales de los jefes de bancadas, se dieron cuenta que varios de los opositores se habían retirado del recinto y entonces ocurrió lo que ocurrió. Carrió no tuvo empacho en decir que ahora la Banelco era de la Presidenta de la Nación y que el dinero que corría era mucho.
Hay algo que tanto Carrió como Bullrich saben, y es que si no se aprueba el presupuesto que manda el Ejecutivo queda y para el manejo del mismo, el presupuesto del año anterior. En ese caso no estarían recortadas las disposiciones de dinero que tenía el Jefe de Ministros, no sabrían qué hacer con el dinero de las retenciones y que esta temporada, al haberse producido una cosecha record rondaría los cien mil millones y, lo que sería catastrófico para los partidos políticos, es que no habría dinero para las elecciones presidenciales del año próximo. Con estos elementos: ¿qué le sale más barato al gobierno? ¿Sería necesario, entonces, comprar voluntades o ahorrarse lo que gastarían los partidos políticos, entre ellos la Coalición Cívica?
Si hay sensatez, el presupuesto saldrá como ha salido siempre, tal como lo elaboró el Gobierno. Después habrá tiempo de hacer oposición, necesaria e imprescindible en todo régimen democrático, en temas más candentes e imprescindibles.
El que escribe, en una oportunidad, fue invitado por la prestigiosa Fundación Apertura que tiene su residencia en Rosario. Esta gente, que trabaja sin fines de lucro, nos hizo conocer los vericuetos que todo presupuesto tiene. Los ejemplos sobre la complejidad de los mismos fueron expuestos y, recién allí nos dimos cuenta de cuán difícil es la elaboración y concreción del artilugio legal, imprescindible para llevar a cabo los gastos y las obras que todo gobierno (municipal, provincial y nacional) debe llevar a cabo durante un año. ¿Todos los diputados habrán leído los miles de folios que se elaboran? ¿Las alternativas, las que algunos como Prat Gay presentaron, tienen algún asidero si se desconoce el resto del contexto?
El desaguisado ya está hecho, ¿será de corto o largo alcance? La respuesta está por conocerse. Lo que sí, llamar opereta a estos acontecimiento es muy injusto, porque hay bellas Operetas que deleitan oídos y traen paz al alma.