Discriminar
Por Prof. Elsa Calvi. Tradicionalmente entendemos por discriminación a la imposibilidad del pleno ejercicio de los derechos y garantías de ciertos sectores sociales de la población en razón del sexo, raza, creencias religiosas o políticas, nacionalidad, situación social, elección sexual, edad y discapacidades.
En el imaginario social, cuando nos referimos a la discriminación, se nos aparecen en primera instancia grupos muy referenciados, porque todos los otros grupos y sectores discriminados no lo están a nivel consciente y, éste es uno de los mecanismos más profundos que opera para la existencia de la discriminación: La invisibilidad, la “naturalización” de las conductas discriminatorias.
En la sociedad Argentina tras un discurso de “igualdad” existe, un enorme vocabulario despectivo que estigmatiza a los grupos “diferentes”, deberíamos estar más atentos a los modos reales o simbólicos que se usan para referirse al otro. Estos modos parecen “naturales”, “apropiados” en algunos casos, de tal modo que dejamos pasar la discriminación implícita que conllevan.
Pensemos por ejemplo cuando se nos denomina “del interior”, “provincianos”, o cuando entre los requisitos laborales solicitados figura “buena presencia”, o el “modo de ser” que se trasmite en la publicidad, ofrecida como graciosa e inocente, con un impacto negativo especialmente en los jóvenes. Muchos de ellos la experimentan al pretender una prenda frente a una vidriera, se dan cuenta que “no pertenecen al modelo”, sintiéndose diferente, aunque podamos exponer en el discurso de “igualdad”, la ley de talles.
La cuestión muy visible, es que la discriminación nunca se ejerce sobre los sectores poderosos de una sociedad. La existencia de un “paradigma” al que deben asimilarse todos los “otros”, implica que aquellos que no tienen esos atributos son los diferentes, los inferiores, porque la existencia de un modelo hegemónico implica la imposición de las jerarquías.
Pensemos en el modelo de belleza que circula en nuestra sociedad y se muestra en los medios audiovisuales: figuras contorneadas, extrachatas o musculosas, prominentes en determinadas zonas, necesarias de imitar para “ser”. Imágenes, palabras, gestos hacen que un número importante quedemos fuera del modelo que se impone como el mejor. Reconocer nuestra condición de iguales en cuanto persona anteponiéndola a las diferencias, iniciaría un distanciamiento de los actos discriminatorios.
Hasta aquí la reflexión remite al aspecto social de la discriminación, que es en todos los casos negativos, por vulnerar nuestra dignidad de persona.Como docente debo valorar la discriminación intelectual, estimularla en los alumnos se hace indispensable, dado que sin ella no sería viable desarrollar situaciones de aprendizaje. Es necesario que nuestros alumnos distingan, discriminen, identifiquen, separen, diferencien lo uno de lo otro, para formar un concepto propio. También para discernir qué es discriminación, de lo que no lo es.