El consumo: Bueno o Malo?

Por José Luis Bianchi. El consumo interno ha sido una de las vedettes de la economía Argentina en los últimos 5 años, batiendo incluso todos los récords históricos y, contra varios pronósticos de renombrados economistas, no se vislumbra que tenga un freno, por lo menos en el corto plazo.
A título de ejemplo podemos nombrar la venta de vehículos, que en el mes de Marzo pasado, superó las 66.000 unidades patentadas en todo el país. Esto representa un aumento del 16% con respecto a igual período del año anterior y exhibiendo un crecimiento constante y sostenido de este rubro, por más de 3 años.
Similares realidades están experimentando otros rubros comerciales a saber: la venta de propiedades inmuebles, el de electrodomésticos y las ventas en shoppings y supermercados crecen constantemente.
Este es el resultado de una política económica implementada por el Gobierno Nacional desde hace más de 5 años y que apunta principalmente a incentivar el mercado interno, protegiendo distintos sectores productivos, del ingreso de importaciones con trabas aduaneras. A través de líneas crediticias que favorezcan la compra de determinados bienes. La inyección de dinero en las clases sociales más desprotegidas, como Asignación Universal por Hijo o la generalización de jubilaciones y pensiones.
También es ineludible que la cuestión inflacionaria, nunca reconocida y asumida por los funcionarios nacionales, es un claro incentivo al consumo, con una inflación de aproximadamente 20 – 25% anual, las personas saben que “un peso hoy vale más que un peso mañana” o comprando a crédito, minimizará el efecto inflacionario sobre sus salarios.
Todas las partes involucradas y afectadas quieren predecir cuánto tiempo más se podrá sostener esta realidad y cuál será el precio. Políticos y economistas de primera línea están sosteniendo que el fin está próximo y que el daño producido a la economía, es marcado. Sin dejar de lado la cuestión inflacionaria que ya hemos analizado oportunamente.
El ciudadano argentino ha crecido a la sobra de la inflación, por eso no le teme y está acostumbrado a ella, siempre tratando de sacarle ventajas por diferentes alternativas. Inclusive le cuesta concebir que los precios sean fijos por un prolongado tiempo. Esta realidad cultural, le quita a la economía de mercado, una herramienta muy importante en el control de la inflación, ya que normalmente ante un aumento de precios, el mercado debería retraerse como respuesta y servir como freno a dicha suba. Por otro lado, debería incentivar al surgimiento de nuevas competencias de mercado e innovaciones tecnológicas, cosa que no ocurre. Los productores saben que tienen, en gran medida, un mercado cautivo, fiel y estable independientemente de las variaciones del precio de venta.
Se debe destacar que el aumento de precios no es acompañado y/o producto de una variación en el precio del dólar, lo que origina una burbuja representada por la diferencia de precios en dólares y en pesos. A título de ejemplo, la nafta costaba en los años 97-98: U$S 0,70. En la actualidad cuesta U$S 1,25. Similares comportamientos podríamos detallar en otros productos, como el pan, la leche, la cerveza, entre otros. Cuando se desinfle la burbuja, puede originar situaciones de crisis similares a las vividas en nuestro país en los últimos 20 años.
Lo que no se puede negar, que el Estado Nacional, ha utilizado esta elevada tasa de consumo como motor para que la economía crezca en los últimos años a tasas muy pocas veces vista, en forma constante a pesar de diferentes situaciones de crisis nacional e internacional que hemos vivido en la última década.Es necesario que el gobierno disminuya esa tasa de crecimiento a un índice que ronde el 5% anual y direccionar el excedente hacia el ahorro y por ende a la inversión. Pero inversión en maquinarias para la producción, medios de comunicación (rutas, autopistas, puertos, aeropuertos), tecnología, energía y todo aquello que tenga relación con una mejor producción, a menor costo y con más eficiente utilización de los recursos. Otra herramienta a utilizar es la disminución de la tasa de interés, que el consumidor debe pagar sobre los créditos bancarios y comerciales. Es inconcebible que se pague una tasa del 0,5% a los depósitos y se cobre el 3% sobre los créditos. Esta realidad marca el motivo por el cual, los bancos han sido una de las organizaciones que mayor ganancia han tenido en los últimos cinco años.

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