El robo de las conciencias y la tergiversación de las verdades
Por El Nutrio Balfrido. La dimensión de las circunstancias pocas veces condice con realidades que nos devuelve lo cotidiano. Generalmente sorprende y, para los menos atentos, esto es lo que los marca y toman como verdad indiscutible lo que los medios de comunicación dicen. Con su insistencia, taladran conciencias y roban voluntades.
Los ejemplos sobran, pero para muestra podemos hablar de lo que le ocurrió a una señorita llamada Juanita Viale, nieta de Mirta Legrand con un señor que fue Ministro de Economía conocido como Martín Lousteau. Un fotógrafo los sorprendió dentro del automóvil de la primera en acciones amatorias a plena luz del día y, una vez que las fotografías y un video se dieron a conocer por la televisión, el hecho pasó a ser un acontecimiento de dimensiones nacionales, a tal punto que daba la impresión de que todos los canales (aire y cable) transmitían en cadena.
Para colmo y porque la muchacha está embarazada –algo que normalmente ocurre con las mujeres de todo el mundo-, además de haberse comprometido en casamiento con un actor chileno, las elucubraciones de la prensa tuvieron matices de índole diversa, donde se habló y mucho sobre los límites que debe tener la prensa, pero sin paliar en lo mínimo los daños que estaban infringiendo a los furtivos enamorados.
Las locuras de los límites. Nadie especula con palabras como ética o responsabilidad, porque daría la impresión que todo se canaliza con otros parámetros: cómo puedo sacar rédito de audiencia y por lo tanto de dinero. Se escuchó, por ejemplo: “¿por qué no polarizó los cristales?”, o: “si dicen que esto es privado, ¿por qué lo hicieron en la vía pública?”, también: “ella está embarazada, por lo tanto debería estar pensando en su hijo y no en sus amantes”. Lo cierto es que aquello resguardado por la Constitución Nacional desde su primera edición, sobre los hechos privados de la gente, ha quedado en manos de inescrupulosos que defienden sus exabruptos con presuntos límites a la libertad de prensa.
Quien también está siendo víctima de los medios es Ricardo Alfonsín, actual candidato a presidente por la Unión Cívica Radical. Es que, en el afán de juntar voluntades para lograr un mayor número de votos, está tratando de aliarse con Hermes Binner, Margarita Stolbizer, Pino Solanas y otros dentro de un espectro de centro izquierda. Alguien, un medio de comunicación, manifestó que parte del Peronismo Federal y la agrupación que preside Francisco De Narváez querrían formar parte de esta coalición y, por supuesto, lo dieron como un hecho real. Ante los supuestos de la prensa, los posibles aliados de un principio pusieron el grito en el cielo, porque los otros son representantes de la derecha más típica del país. Alfonsín se cansó de desmentir, pero lo cierto es que se sigue insistiendo con lo mismo.
Por supuesto que tampoco se salvó el Gobierno Nacional.
Desde el momento que el dinero de las AFJP pasó a ser administrado por el Estado Nacional ante la debacle económica de las mismas, (recordemos que fueron creadas en los 90 por el Gobierno de Carlos Menem), los medios de comunicación dijeron que había una intromisión del Estado en los asuntos privados.
Por supuesto que no se dieron a la luz la cantidad de desaguisados que estas AFJP hicieron con el dinero de sus asociados, pero entre otros, prestaron el mismo a muchas empresas a muy bajo interés, comprando para tal circunstancia acciones que no llegaban al 5% para, de esta manera, no tener injerencia dentro del directorio.
Cuando la situación se hizo insostenible y debieron pasar el dinero al ANSES, se fueron acumulando los préstamos y, de ese casi 5% se encontraron que, en algunos casos, llegaban a un 30% y la deuda que las empresas tenían con el Estado (todos los argentinos) llegaba a varios miles de millones de pesos. Para cuidar el patrimonio de todos y porque el monto de las acciones lo permitían, el Gobierno nombró sus propios directores. Veintidós de las empresas aceptaron sin problema esta nueva situación, pero otras veinte dijeron que eso era anticonstitucional y pusieron el grito en el cielo, entre ellas las más importantes.
Los medios comunicacionales, algunos de los cuales tienen intereses en estas maniobras por ser corporaciones, trataron de volcar la opinión pública contra el Gobierno, argumentando que el Estado Nacional no podía tener acciones de empresas privadas porque eso era una intromisión en asuntos que no le competían, que era ilegal, que, actuando de esta manera los capitales privados del mundo no pondrían su dinero en empresas nacionales, etc. Es de preguntarse: ¿pretenden que se les licue la deuda y que todo sea como en otras épocas, donde las deudas privadas pasaron a ser públicas y debimos pagarlas entre todos? El autor de esta situación, y para que todos lo recordemos, se llamó Domingo Cavallo en plena dictadura militar.
Por supuesto que funcionarios de primera línea salieron a decir cuál era la circunstancia sobre las acciones en las empresas privadas, dejando claro que el Gobierno no había comprado las mismas sino que las había heredado, que el asunto de los directores era legal y conforme a derecho y que nunca se cejaría sobre el dinero de todos lo argentinos.
En vano, las aclaraciones no son escuchadas cuando los oídos están taponados, por eso no sorprende lo que dijo el ministro Aníbal Fernández: “Si no quieren directores es porque pueden estar flojo de papeles”.La realidad, entonces, está tergiversada por la acción de los que quieren que así no sea y la mejor arma que poseen es la reiteración. El cansancio, al final, es un aliado de los mentirosos.
