La felicidad
Por Prof. Elsa Calvi. Reflexionar sobre esta aspiración natural del hombre es el cometido, independientemente de lo que cada uno considere que es la felicidad para él.
En el lenguaje corriente, se asocia felicidad a suerte en dos acepciones esenciales:
Tener suerte, significaría acceder a algo que produce alegría, satisfacción, placer. Sin méritos propios, de manera azarosa o imprevista. Ejemplo: ganar una rifa, el quini, quiniela, un bingo.
Cada cual labra su propia suerte o ser autor de su suerte, aquí la suerte no indica algo fuera del alcance personal, algo que la persona no puede producir ni dirigir, sino una cosa a cuya consecución se puede contribuir de manera fundamental. Este es el sentido de felicidad que se considerará.
¿Debe realmente el hombre aspirar a la felicidad?. Si es así, ¿En qué consiste?
Los filósofos de la moral, han dado respuestas diferentes a la cuestión de la felicidad a veces contrapuesta. Desde buscar la felicidad como sentido de toda praxis, hasta la subordinación del principio de la felicidad a la del deber. En un punto coinciden todos: el hombre busca la felicidad por naturaleza.
En lo relativo a qué hace la felicidad del hombre, la gama alcanza desde el dinero, la riqueza el poder y la gloria, hasta la salud, el placer sensual, las satisfacciones y goces espirituales, pasando por el amor, la virtud y la humanidad.
Las aspiraciones y expectativas que componen la felicidad para cada hombre son imaginables, aunque difícilmente realizables en plenitud, ya que no es posible la armonización de todas ellas. En la vida social cada uno resigna parte de su felicidad para que se realice la felicidad de los otros.
El tema deriva en variadas problemáticas, sin embargo, de la felicidad puede afirmarse que:
Aspirar a ella es ineludible a toda acción humana.
No puede pretenderse inmediata y directamente, sino sólo de manera indirecta a través de etapas concretas, que nos producen satisfacción y por lo tanto felicidad.
No se nos presenta como tal, sino como consumación efectiva de una praxis cuya consecución (feliz) contribuye a una vida llena de sentido.
No puede ser exigida al otro. Lo que puede exigirse a nuestros semejantes es el entendimiento de una búsqueda común de un horizonte de sentido y de acciones conjuntas, para lograr aquellas metas vislumbradas como convenientes.
El hombre no debe perseguir la felicidad, pues aspira a ella por naturaleza, por ser hombre desea ser feliz. Lo que debe pretender siempre y en todas partes es actuar bien, en sentido moral, es decir en busca de su perfección como humano, en esto debe consistir su felicidad.