La más bella palabra de la Historia: LIBERTAD

Por Ángel Ghirimoldi. Hay palabras que, por si solas, son un compendio de expresiones y tratados de filosofía rayanos con la perfección, de esos que sólo las mejores plumas de la historia pueden expresar.
Esa palabra, la más abarcativa, la que mejor expresa el estado de conciencia individual y colectiva, la que está, incluso, por sobre la misma naturaleza humana es, sin dudas: LIBERTAD.
Si esa palabra y su significado toman tal dimensión, es porque en algún momento esa libertad fue conculcada, saboteada y degrada por aquellos que hacen de la opresión su gran negocio y necesitan de la ESCLAVITUD para llevar a cabo sus planes.
¿Hay algo más degradante que llevar al estado de esclavo a un ser humano?, aún peor: ¿existe un disvalor más bajo que el de oprimir a todo un pueblo para que, en ese estado, sirva para que otro pueblo se enriquezca?
A pesar de todo lo que uno pueda pensar, es sabido que en la historia de la humanidad la esclavitud fue una institución lucrativa porque se trataba de una mercancía de lujo y también esa misma circunstancia, para los que poseían esclavos, los llevaba a un status social superior.
Deuteronomio 5:21: No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
En la misma Biblia, en el Libro de Moisés o Deuteronomio, aparece dentro de los Mandamientos de la Ley de Dios, la anterior cita, que habla de esa esclavitud como algo común a los pueblos primarios y a los sucesivos, institución que llega hasta la actualidad.
América fue un ejemplo palmario de la iniquidad humana. Luego de la conquista y apenas esta comenzara a ganar tierra continental, dada las riquezas que el nuevo continente poseía, se necesitó de mano de obra en abundancia. Nacieron instituciones plenamente legales como la mita, la encomienda y el yanaconazgo donde de una u otra forma se degradaba a los nativos al estado de esclavitud para servir en las minas, en el laboreo de la tierra, en las fincas fabriles, etc. El resultado fue la desaparición de tribus enteras. Dicen que las muertes en América llegaron a más de cincuenta millones de individuos en el mejor de los casos.
No alcanzó con los nativos, entonces trajeron desde África a los negros. Argentina, Uruguay, Brasil, todas las naciones del Caribe y Norteamérica fueron invadidas por estos humanos de piel oscura, casi azulada, que eran considerados animales por las instituciones religiosas de ese entonces, lo que les daba a sus esclavizadores la certeza de ser dueños de su vida y muerte sin ningún prejuicio.
Pero, aunque los religiosos consideraran lo contrario, estos tenían alma, entendían que había valores superiores a la mera servidumbre, por eso en Haití en los primeros años del siglo XIX, se revelaron y formaron la primera comunidad negra del continente. Fue el prolegómeno del grito de libertad que se diera, pocos años después, en toda América.
El 9 de Julio de 1816, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, se declara la Independencia de los Reyes de España y su metrópoli, representado por Fernando VII y su descendencia.
¿Realmente fue una declaración de Independencia, o sólo un movimiento político en aras de entregar a las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata a un nuevo patrón que rondaba en la oscuridad y que se llevaría las riquezas de nuestro suelo? ¿Cuánto tuvieron que ver los funcionarios ingleses y sus mentores en tal circunstancia?
Los hechos posteriores y Bernardino Rivadavia dieron pistas que muchos historiadores tratan de desenredar, pero lo cierto es que luego de la independencia de los países latinoamericanos y los del Caribe, dos potencias surgieron como dominadoras de todo el mundo: Inglaterra y lo que luego se conocería –guerra de secesión mediante- como Estados Unidos de América.
Esta última inició su expansión sobre las pobrísimas naciones caribeñas, especialmente Cuba que estaba bajo el dominio de España. Así comenzaron las guerras regionales y, cada vez con mayor ímpetu, los EE.UU. se hicieron fuertes en las islas, oficiando a veces de gendarme y otras de invasor. Simón Bolívar, dos siglos a la fecha, fue el primero que dio el alerta sobre el expansionismo sin límites de los yanquis.
Más al Sur, los bucaneros se apropiaron de las Islas Malvinas, como una base estratégica para que los pescadores de ballena estuvieran tranquilos depredando cerca de la Antártida, pero no se conformaron con eso, además instalaron saladeros para llevarse los cueros del ganado que ya abundaba en las pampas fértiles y el grano que de las mismas se cosechaba.
Por supuesto, en todos los países de la América negra y latina, hubo respectivos traidores que no tuvieron empacho en entregar las riquezas de los pueblos en aras de un reconocimiento de los nuevos imperialistas.
Entonces ¿realmente fue un grito de libertad lo ocurrido en ese momento histórico, o sólo se trató de un cambio de patrón?
Los pueblos oprimidos de este lugar del mundo –como otros, por ejemplo los africanos- hoy parecen despertar. Los sucesivos golpes de estado por parte de militares adiestrado en la Escuela de las América, la depredación de las Empresas Nacionales, la venta de enormes extensiones de tierra a extranjeros ricos están creando conciencia nacional entre los desposeídos y, en honor a la verdad, en distintos estamentos de las clases medias del continente. Quizás, cuando se cumplen dos siglos desde esas primeras voces libertarias, estemos en condiciones de comenzar la verdadera independencia de Latinoamérica. No importa qué signo político o que tendencia esté en el poder, lo importante es comenzar a mirarnos el ombligo y saber que podemos, que ya somos adultos y que, mirando a nuestros niños y púberes desandando la vida, ellos podrán pelear por su Libertad, tal como lo soñaron San Martín, Sucre, Bolívar, Artigas y tantos otros que se perdieron en la nebulosa de la historia.

