La República Argentina es laica, no confesional
Por El Nutrio Balfrido. Es difícil abordar ciertos temas. Es complicado y a veces engorroso adherir a corrientes, que si bien incontenibles, tienen el signo de la intolerancia y la discriminación como vertientes y, para colmo, en la creencia de que están detrás de los convencimientos, existen fuentes religiosas imposibles de superar para aquellos que fueron persuadidos.
El mundial de fútbol, que se juega en Sudáfrica, ha soterrado la discusión que se había instalado en la sociedad, pero que, a no dudarlo, luego de que este termine, volverá al seno del pueblo y se seguirá deliberando si es válido o no el matrimonio entre homosexuales y, como ingrediente principal, si los mismos pueden o no adoptar niños.
Hace unos días se pudo ver, a través de la pantalla de televisión, como un grupo de evangelistas se agrupaban ante el Congreso de la Nación solicitando que no se avalara la media sanción que venía de diputados, porque el matrimonio entre hombres o mujeres era “antinatural”. Según lo que se pudo escuchar, ellos representaban a más de cien congregaciones de ese sectarismo cristiano y, según lo que vociferaban, eran más de treinta mil personas las que allí estaban reunidas. Después se supo que no llegaban a dos mil creyentes, conforme a lo que midió la Policía Federal y, según otras fuentes, apenas pasaban los ochocientos. ¿Mentir, acaso, no es un pecado grave y, peor aún, hecho desde congregaciones religiosas?
Pero regresemos al argumento que estos (y, en honor a la verdad, muchos defienden) han puesto como bandera para denostar la reforma al Código Civil: que el casamiento entre homosexuales es antinatural. ¿Y qué es lo natural? La respuesta inmediata es: El matrimonio entre un hombre y una mujer, con el fin de procrear y conservar la raza humana, es lo que Dios manda.
Claro, acá queda algo en el tintero que es bastante complejo y no se puede obviar: tanto por creación como por evolución, la parte animal que tenemos los seres humanos es la sexual, y de ella no nos podemos evadir.
Cuando nos referimos a la naturaleza, estamos nombrando a todos los elementos que a esta la componen y allí aparecen los ejemplos: las multiovulación de los perros determina que la hembra puede ser preñadas por distintos machos simultáneamente, por eso los perros se reúnen detrás de la perra en celo y todos tratan de dejar su semen para continuar con la especie. En el caso de los humanos es al revés: la mujer (hembra) ovula un solo ejemplar (a veces dos) y sólo necesita de un hombre (macho) para quedar embarazada (preñada). Pero allí no termina la cosa, porque ese mismo ejemplar masculino, luego de fecundar a una, queda en condiciones de fecundar a otras y eso es, realmente, lo que indica la naturaleza. Ocurre en las manadas de ungulados –antílopes, ciervos, gacelas, camellos, etc-. Quizás por eso en algunas sociedades exista aún las familias formadas por varias mujeres y un solo hombre.
Sin embargo a través de arreglos culturales, de estructuras convencionales y de cuestiones de sentido común, se ha adoptado el casamiento entre individuos con vínculos casi indisolubles. De esto se copiaron las congregaciones religiosas y, según las creencias, lo que Dios une, el hombre no puede disolver. Pero no es lo natural, de eso hemos dado los argumentos.
Por otra parte, si el matrimonio está indicado como la unión entre un hombre y una mujer con el fin de procrear (conservar la raza humana), es difícil entender cómo hay parejas perfectamente casadas, que nunca han tenido hijos (por decisión propia o por cuestiones de infertilidad), en ese caso ¿no están contra la naturaleza y no se debería deshacer tal matrimonio?
La hipocresía campea en ancas de la necedad. ¿Cuál es realmente la molestia de ver a los homosexuales unidos por ley? ¿Acaso no existen parejas del mismo sexo que se desempeñan normalmente en la sociedad y que, porque se los permite la ley, uno de ellos ha adoptado un niño al que crían y educan conjuntamente sin que se resienta ningún tipo de estructura moral o religiosa?
Quizás hay un mal entendimiento referente a religión y república. Es hora de comprender que no estamos en un estado o nación confesional, donde todo se hace alrededor de un signo religioso. Nuestra República Argentina es laica, lo que quiere decir que sólo sostiene económicamente un culto –el Católico Apostólico Romano-, pero no adopta ninguna religión en especial. Cada habitante es dueño y señor de creer o no en un Dios o en varios Dioses o Diosas y nadie puede cuestionar sus creencias o su agnosticismo o su ateismo.
Además, esto no tiene la intención de herir a nadie, los pseudo milagros que se promocionan en televisión y profusamente, ¿no son actos que rozan, y muy de cerca, el “ejercicio ilegal de la medicina”? Si así fuera, ¿esto no es más peligroso que una actividad meramente privada, como la del matrimonio homosexual, toda vez que ilusiona a personas que están enfermas y creen que la palabra de otro individuo es tan fuerte que es escuchada por un ser supremo?
Sin embargo hay algo que escapa a todos los cuestionamiento: ¿por qué tanta resistencia de parte de una porción de la sociedad? ¿No será por miedo?
Quizás esta sea la respuesta más acertada. Todo lo desconocido engendra miedo. Algo parecido se vivió cuando se puso en consideración de la sociedad la Ley de Divorcio Vincular. Las voces, especialmente religiosas y moralista, presagiaron la destrucción total de la sociedad porque la gente iría masivamente a divorciarse. Ocurrió lo contrario. Nunca hubo tantos casamientos luego de que sancionaran dicha norma jurídica.
Hoy parecería que se vive algo parecido. Por más que la ley sea sancionada, no se va a obligar a nadie a casarse con otro de su género si no es su voluntad. Créalo, esa es la verdad.
Ah!, no olvidemos que nuestra República Argentina es laica, a pesar de lo que quieran hacernos creer.
art. 2 de la constitución nacional: “el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”.