La xenofobia y la pobrezafobia
Por Ángel Ghirimoldi.
Beltor Brecht, poeta y dramaturgo alemán, autor de Madre Coraje entre otras obras, dijo que un faccioso es un hombre de clase media con miedo. En posesión de esta expresión y adhiriendo a la misma, hoy podemos emplear el aserto a diversas situaciones que han ocurrido y están ocurriendo en la sociedad mundial y en la argentina especialmente.
Ateniéndonos a lo anterior, también es de hacer notar que hay un estudio sobre la circunstancia especial del nacimiento de cada persona.
Nadie elige donde nacer, porque de ser así sería sencillo buscar las mejores cunas, aquellas donde nunca faltará la comida, donde se tendrán las mejores situaciones para triunfar en la vida y donde, de no haber terminado ningún emprendimiento, se podrá disponer de lo imprescindible para llegar al fin de los días sin sobresaltos.
Nadie optaría nacer pobre. Sin embargo son pocos los que tienen el privilegio de nacer sin tener inconvenientes –económicos, por supuesto- y la gran mayoría retrocede en los estamentos hasta llegar a ser hijo de padres sumidos en la extrema pobreza.
La pobreza se asume de diversas maneras. A veces, y mucho tiene que ver la religión en esto, la resignación es la consigna, total lo que hoy no tenemos materialmente el Dios bueno se los dará en el momento de la muerte, recompensándolo con un lugar en el paraíso.
Otros optan, al verse totalmente excluidos, por delinquir para poder adquirir los insumos que esta sociedad de consumo les exige e impone. Si tienes, vales. Entonces el hombre de clase media, aquel que consiguió con esfuerzos su casa, su automóvil, que da un estudio a sus hijos y que todos los días tiene alimento sobre la mesa: comienza a tener miedo, miedo que se va incrementando a medida que los hechos de violencia copan las tapas de los diarios y son moneda corriente en los noticiarios de televisión y de la radio. Entonces aparece el fascista, el que no quiere tolerancia y el que necesita que se construya un paredón para fusilar a “los negros de mierda” y en su intolerancia, muy difícil de revertir, incluye a los inmigrantes de países limítrofes, en nuestro caso a los bolivianos y paraguayos.
Ese mismo hombre de clase media que desea la muerte de todo aquel que es pobre, los domingos concurre a la iglesia de su credo y escucha los sermones en los cuales les informa el párroco que el reino de los cielos va a ser de los pobres porque así lo dispuso Jesús, el Cristo.
La enfermedad de la xenofobia y de la pobrezafobia cala profundamente. El fascista se pone en contra de los planes sociales con los que se trata de ayudar a lo desprotegidos, de la mujeres pobres que tienen muchos hijos, del olor a pobre que se siente inmediatamente cuando alguien de tal condición llega a un lugar.
Para contrarrestarlo elige mandatarios que tengan cierta comunión ideológica y que lleven a cabo el pensamiento de: la riqueza llegará a todos, sólo hay que esperar que los más poderosos se colmen para que la misma se derrame sobre el resto. Por eso todo aquel que pretenda ayudar a los pobres, de crear fuentes de trabajo para los humildes y que les de oportunidad de estudio a las clases desprotegidas, se tratará de un gobierno populista y de políticos que lo único que pretenden es crear clientelismo.
¿Qué es lo que dice la historia al respecto?
Es muy simple, los gobiernos de tinte ultra liberales que sostienen la teoría del derrame, han fracasado sistemáticamente y muchos más últimamente con las teorías neoliberales, que no es más que llevar un paso adelante a los anteriores. En nuestro país, gracias a gobiernos de este signo, hicieron desaparecer a la clase media, ¿olvidaron el 2001? Allí no termina la cosa, porque con esa teoría hubo un colapso financiero de proporciones descontroladas en EE. UU. que arrastró a los países de Europa y que hoy tienen que aceptar las recetas del Fondo Monetario Internacional, las mismas que impusieron a nuestros gobiernos y que produjeron más pobres.
Sin embargo el facho sigue intacto y espera que alguien levante el famoso paredón para matar negros de mierda.
Pero para poner blanco sobre negro y que esto se entienda de una vez por todas, la Fundación Rockefeller ha estudiado este fenómeno con científicos que, incluso, se han coronado con algún Premio Nobel. De dichos estudios se llegó a la conclusión que de existir la pobreza, tal como hoy la conocemos, será imposible erradicar la delincuencia y esto lo corroboraron con inserciones que fueron haciendo en distintos lugares de Norteamérica donde parecía imposible suprimir a los marginales. El secreto: EDUCACIÓN.
Educar, dar posibilidades y enseñar a respetar las leyes tuvo, en esa sociedad liberal, más efectos y mejores resultados que la tolerancia cero. De esos estudios nació la teoría de que nadie elige el lugar donde se va a nacer, por ello, quienes cayeron –por obra de la suerte- en hogares pobres, es el estado quién debe hacerse cargo de su inserción en la sociedad y, de esta forma, no dar nacimiento a un delincuente que enlodará a la tranquilidad social.
Lo único que falta es que el facho que llevamos adentro diga que la Fundación Rockefeller es populista.