Militante: nadie escapa de serlo, ni siquiera los periodistas

Por Ángel Ghirimoldi. El 2 de junio de 1810, por la Primera Junta de Gobierno (primer gobierno patrio de la Argentina), mediante un decreto que establecía que “el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes” fue creada la Gazeta de Buenos Ayres. Su primer número apareció el jueves 7 de ese mes, fecha que luego fue elegida como el Día del Periodista por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en 1938.La Gazeta publicaba las resoluciones oficiales, decretos y otros documentos, ofrecía noticias de actualidad tanto del extranjero como locales y contenía también los ideales del gobierno.En ese número Mariano Moreno escribía: “¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?… Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires”.El 4 de enero de 1870 fue fundado por el presidente de la República Argentina (1862-1868) Bartolomé Mitre el diario La Nación. De tendencia tradicionalmente conservadora, ha sido históricamente vía de expresión de sectores afines a la Iglesia Católica, a las Fuerzas Armadas y a los grandes productores agropecuarios de la Argentina. Sin embargo, por sus columnas y notas de opinión han pasado personalidades de diversas vertientes ideológicas.El 28 de agosto de 1945, fundado por Roberto Noble, aparece el diario Clarín. En sus comienzos fue receloso del gobierno peronista y, posteriormente, se caracterizó por los lobbys que organizaba para derrocar gobiernos: lo sufrió María Estela Martínez de Perón, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y el actual gobierno. En su momento se decía que no había gobierno que aguantara cinco tapas en contra de este periódico. Hoy es un multimedios, el mayor en este país.Estos medios han sido puesto como ejemplo de los otros muchos y variados que existen en la argentina. Todos ellos se caracterizaron por sus tendencias bien definidas y, como todos los medios de comunicación del mundo, la forma de pensamiento y la dirección política y económica se nota aunque intenten ocultarla.¿Cómo podríamos calificar a esta circunstancia? ¿Cómo deberíamos llamar a los periodistas que trabajan en los mismos y que escriben las ideas conductoras de cada diario?Si alguien milita para defender una idea (periodista o no), acaso ¿no es un militante? Entonces ¿por qué se ha denostado tanto la palabra militante?El advenimiento del programa 6, 7, 8 en Canal 7 ha revolucionado el pensamiento general del periodismo y, guste o no, ha puesto sobre el tapete el hecho de que hoy nadie, tenga el nombre que tenga, ostente la trayectoria que quiera, pueda estar exento de no pertenecer, de estar aislado de las influencias para lograr la objetividad tan ansiada en esta profesión. Lo que nadie se explica es que un pequeño programa de televisión, de muy poca medición de audiencia, haya tenido la influencia que aún tiene. Sin embargo y a poco de ahondar, nos damos cuenta de que lo que ha hecho este programa fue romper con un código que era el plus ultra del periodismo argentino y que se sintetizaba en estas palabras: “nadie puede hacer periodismo de periodistas”. ¿Por qué no? En todas las profesiones se producen críticas de los propios y con el sólo fin de mejorar, pero si esto ocurre entre periodistas, es el peor de los pecados. Sin embargo los agraviados, aquellos que escondían sus intensiones y se amparaban en los secretos que deben mantenerse alrededor de los informadores, usaron como venganza contra los integrantes de 6, 7, 8 el epíteto de: periodismo militante.Un caso, casi paradigmático, es el de Alfredo Leuco, periodista de Canal 26 y de Radio Continental. Este señor, para el día del periodista, dijo que era independiente, honesto, objetivo, sin influencias políticas y con un fin: llevar a los oyentes y lectores la verdad. Más allá de sus autos alabanzas, es de preguntarse: ¿qué periodista honesto no desea otra cosa que decir la verdad, por más que lo involucren con determinadas ideas políticas?Leuco, en su afán de demostrar su independencia, mencionó dos palabras sobre las cuales se han escrito tratados filosóficos y sociológicos, pero nunca se ha llegado a coincidir totalmente sobre la aplicación real de las mismas, ellas son: objetividad y verdad. La primera, la objetividad, tiene un defecto que la determina. Quién pretende ejercerla es un individuo, un sujeto que, como todo sujeto, está influenciado por su formación de vida que lo llevará a pensar de una u otra forma conforme a vivencias, circunstancias y aprendizajes de los que le es y será muy difícil desprenderse, por ello pierde todo lo que es absoluto y se transforma en parcial. ¿Hay objetividad parcial? Quizás sí, pero se parece mucho a la subjetividad.En cuando a la verdad, la meta de los filósofos, también sufre la influencia de los distintos pensamientos, de los puntos de mira e incluso, de los distintos humores. Se dice: verdad relativa, pero ¿existe este condicionamiento especulativo cuando la palabra en sí indica un absoluto?De cualquier manera, de una u otra forma, todos somos militantes (incluso de la no militancia) y de esto no se escapan ni siquiera los periodistas.

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