Principio del fin del gran sueño americano?

Por El Nutrio Balfrido. Desde hace cuarenta años, en EE. UU., decidieron cambiar su manera de ver la economía liberal y capitalista que, otrora, se caracterizaba por la mayor producción y la venta de excedentes a países periféricos.El problema fue complejo y a su vez mesiánico. Cuando las grandes corporaciones se dieron cuenta de que la mano de obra, fuera de Estados Unidos era barata, trasladaron sus petates a esos lugares con el fin de abaratar costos, dejando en su país la industria de las grandes automotrices y la industria bélica. El estado de bienestar hacía –y aún hace- que los fantasiosos del gran sueño americano se trasladaran a ese territorio con el fin de hacerse ricos y, de paso, mandar a sus pequeñas y empobrecidas naciones un dinero para que, a su vez, sus familiares directos tuvieran un mejor pasar. Entonces, con la industria fuera de la mano de obra yanqui, ¿qué quedaba en el gran país?: la parte financiera y de negocios, instaladas en las bolsas de comercios especialmente en Wall Street y los servicios. Nace el neoliberalismo, fórmula que luego de probada decidieron trasladarla a todos los rincones de la tierra.Por supuesto, quién conoce al capitalismo y sus andanzas sabe que es afecto a las crisis porque está en el mismo riñón de tal concepción. Siempre hubo crisis toda vez que el dinero para tapar el déficit fiscal no alcanzaba. Fue así que el Congreso autorizaba una suba en el techo de gastos para que el Ejecutivo no tuviera problemas. El caso de Ronald Reagan –fundamentalista a ultranza-, el actor que llegó a ser mandatario máximo, en su gestión los techos tuvieron que ser elevados diecinueve veces para que cubriera las guerras, los ataques a Libia y el fin de la guerra fría. Otro caso histórico fue el de George W. Bush, que no sólo debió cubrir gastos de sus guerras en medio oriente sino que además tuvo la gran crisis de 2008 (que aún perdura) y debió atajar con cifras astronómicas las debacles de los organismos financieros más poderosos del mundo. Es dable recordar que esa crisis fue detonada por la burbuja inmobiliaria fogoneada desde Wall Street, pero el dinero no se usó para salvar las viviendas de los que no podían pagarlas sino que el destino fueron los Bancos y otras entidades y, de paso, cubrir los sueldos millonarios de los funcionarios. ¿Vergonzoso? Todo es según del color del cristal con que se mire, por lo que para ellos fue normal esta actitud.Hoy, luego de estos fenómenos financieros propios del neoliberalismo, el pueblo norteamericano está sufriendo las consecuencias. La cifra oficial del desempleo está rozando el diez por ciento, pero como analizaba un periodista de esos lares, sólo se toma como cierto a aquellas personas que salen a buscar empleo y no las que ya han dejado de hacerlo por decepción. En ese caso y siendo optimista, el desempleo en EE. UU. llegaría a más del veinte por ciento, colocándolo a la altura de España o Grecia, otros que están al borde del colapso. Para colmo la seguridad social se paga, no hay hospitales públicos que atiendan casos de alta complejidad o media complejidad y si no se puede pagar el seguro, sólo le queda esperar que su enfermedad se sane sola o la muerte. Las cifras son millonarias de los que se encuentran en estas condiciones. Pero si todo esto fuera poco, hay que tener en cuenta que aquellos que se quedaron sin vivienda después de la burbuja inmobiliaria, no tuvieron donde refugiarse, entonces lo hicieron en carpas. Hay ciudades enteras llenas de carpas y, muchos porque no las tienen, las reemplazan con pedazos de nylon, tal como se puede ver en muchos lugares de los países subdesarrollados. Las cifras oficiales hablan de doscientas mil personas por mes que, por no poder pagar la hipoteca, recurren a la carpa para seguir viviendo.¿Entonces qué fue de aquellos que pretendían el sueño americano? Llamados también espaldas mojadas, en principio, si lograron sortear los problemas de inmigrantes ilegales, trabajaron en tareas que los yanquis no hacen, como cosechas, limpieza, jardinería, limpieza de cloacas, mozos de bares y otros, pero con la crisis muchos debieron emprender el regreso y eso trajo otra consecuencia: las remesas no fueron mandadas y muchos debieron volver sin más a la pobreza, pobreza que tocó a los países de origen puestos que esas remesas llegaron a conformar gran parte del producto bruto interno.Hoy, luego de varios tironeos, los Republicanos votaron positivo el levantamiento del techo de los gastos en EE. UU. Es que no querían dar el brazo a torcer puesto que Obama pretendía gravar a los que más tenían y ganaban para recompensar las pérdidas.Lo que queda claro es que, conforme a las recetas neoliberales y del Fondo Monetario Internacional, las restricciones a la economía yanqui serán duras. Primero achicar el Estado a través de ajustes, echar la mayor cantidad de empleados públicos que sea posible, restringir los gastos de guerra, emitir más dólares y etc. Por primera vez las pérdidas no se pasan a países periféricos y caerá, cruelmente, sobre las clases pobres y medianas.¿Usted recuerda algo familiar al respecto?Por último es de señalar que el dólar, el famoso dólar, es la gran burbuja que queda por explotar. Es que desde que la economía yanqui se basó en bonos públicos para crear deuda y en las actividades financieras, esta moneda no tiene el respaldo oro que debería tener y por lo tanto sólo es papel pintado que, por conciencia internacional colectiva, se lo toma como moneda de referencia.Si usted duda de lo aquí escrito, simplemente le recomendamos que se cerciore a través de muchísimas fuentes informativas y veraces que existen y, seguramente, encontrará otros agujeros negros que olvidamos citar.El sueño americano se convierte, poco a poco, en el sueño de muy pocos y la pesadilla del mundo.

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