Tiempo de ocio

Por Prof. Elsa Calvi. Al ocio lo identificamos como “no hacer nada”, es propicio dado la época del año en que nos encontramos, dilucidar si este es el alcance más acertado del término y de esta manera, reflexionar acerca de la evolución del concepto, desde la Grecia clásica hasta nuestros días.
Para los griegos significó parar o cesar, con el sentido originario de estar desocupado y por tanto, disponer de tiempo para uno mismo. No era sinónimo de no hacer nada, sino la posibilidad de gozar de un estado de paz y contemplación creadora en que se sumía el espíritu.
En Roma consistió en no trabajar, en un tiempo libre de trabajo, que se da después del trabajo y para volver a éste. Es tiempo de descanso y de recreo, tanto como de meditación. La novedad en la concepción romana radicó en la introducción del ocio de masas.
En la Baja Edad Media y comienzos del Renacimiento, significó la abstención de trabajo y la dedicación a actividades elegidas libremente tales como la guerra, la política, el deporte, la ciencia o la religión. La vida ociosa era indicador de una elevada posición social.
En la Edad Moderna fue considerado un vicio personal y social. El ocio pasó a ser entendido como contrapuesto a trabajo. El trabajo es productivo; el ocio es improductivo.
Con la llegada de la Revolución Industrial, la jornada de trabajo en lugar de disminuir aumenta. En esta época se da un fenómeno importante, como es el que se reconozca que existe tiempo libre y que cada uno debe disfrutar de ese tiempo libre, así en el año 1948, en la que la Asamblea de las Naciones Unidas aprueban la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta declaración proclama en su artículo 24 “el derecho al disfrute del tiempo libre”.
Observamos que la concepción del ocio depende de la relación con la época. Algo importante y más que el sólo “no hacer nada” debe ser el ocio como tiempo libre, para que sea reconocido como inherente al hombre y considerarlo entre los derechos humanos.
Podríamos identificarlo como el conjunto de ocupaciones en las que una persona emplea el tiempo, sin estar obligado a hacerlas. El ocio es un acto en el que se trasciende el mundo del trabajo, se conforma como una actitud, un comportamiento, algo que tiene lugar durante el tiempo libre y que no importa tanto lo que se haga sino el “como se haga”.
El ocio, es una forma de utilizar el tiempo libre mediante una ocupación libremente elegida y realizada, cuyo mismo desarrollo resulta satisfactorio o placentero para el individuo. Es tiempo de recreo, donde cultivar el cuerpo, la mente y el espíritu.
Deberíamos asociarlo con otras formas de actividades o trabajo espiritual, como son la creación literaria, la poesía, la pintura, la contemplación artística, la oración, entendidas como producciones del hombre de otro tipo que las económicas.
Reconocemos el tiempo de ocio al entretiempo laboral, el fin de semana, las vacaciones, la jubilación y destaco como una especial etapa de ocio: a la niñez, momento de enriquecimiento de nuestra vida interior, en el que creamos nuestro ser adulto.
Entre los considerando de nuestros arrepentimientos, figuran aquellos que no nos han permitido alimentar más el alma y esto depende del uso que se le dé al ocio. Recuperemos el sentido griego y vivámoslo sin culpas, porque es el tiempo en que el espíritu se regocija en su propia naturaleza.

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