Verdades poco conocidas – Parte I
Por Ángel Ghirimoldi. Escuchando al filósofo, novelista, ensayista y pensador José Pablo Feinmann expresó una idea, que a su vez la atribuyó a otro de sus pares, manifestando que para sujetar al individuo había que atar las subjetividades quietas. ¿Cómo se logra tal acometido?: simplemente poseyendo los medios por los cuales les llegará la información a los descuidados. La reiteración de las ideas, sumado al monopolio de las mismas, hace que ese sujeto tenga un pensamiento igual al que ejerce tal monopolio y de esa manera los elementos de poder se mantendrán intactos, sin ningún peligro que sus objetivos se vean mellados.
Tal circunstancia se ajusta, casi perfectamente, a lo ocurrido con el crecimiento de lo que hoy se conoce como Grupo Clarín.
El fundador del Diario Clarín fue Roberto Jorge Noble, un activista del Partido Socialista Independiente, fue Diputado por Capital Federal y, entre otros proyectos que luego se convertiría en la Ley 11.723 -que redactó de su puño y letra-, defendería los derechos de autor de escritores, compositores y músicos. Muere en 1969 de cáncer y se hace cargo del diario su pareja –con la que se había casado vía México, pero para la ley Argentina esa unión era inexistente-, Ernestina Herrera de Noble.
Luego del golpe de estado de 1976, la situación del Diario Clarín, que tenía serios problemas económicos, cambió totalmente y se comenzó a convertir en lo que hoy conocemos como Grupo Clarín, gracias a un hecho turbio y cuyas consecuencias hasta la fecha son impredecibles.
Un banquero poderoso llamado David Graiver construyó en 1972 una papelera dedicada, exclusivamente, a fabricar papel para la prensa. A este señor se lo relacionó con el Grupo Montoneros, del cual se dijo era el que guardaba y administraba el dinero que ellos recaudaban. Muere en 1976 en circunstancias bastante oscuras y, debido a la quiebra de varios de sus bancos su viuda, Lidia Papaleo, traspasa las acciones de la papelera al Grupo Clarín, Diario La Nación y, minoritariamente, al gobierno de facto liderado por el ex general Jorge Rafael Videla. En esas negociaciones estaba presente un personaje cuya identidad ha comenzado a conocerse y que fue fundamental en el crecimiento del monopolio: Héctor Horacio Magnetto.
En la actualidad el Gobierno Nacional ha decido hacer una investigación a fondo de lo que ocurre dentro de Papel Prensa, del cual y por heredad jurídica, es parte. Los cuestionamientos y las chicanas que está poniendo la gente de La Nación y Clarín son diarias, a lo que se debe sumar las editoriales que, respectivamente, sacan para conseguir la adhesión de los sujetos quietos.
Hoy, cuando la gente se anima a hablar y se comienza a saber la verdad, nos enteramos que el traspaso de Papel Prensa fue realizado en una cama de tortura, a la cual se la sometió repetidamente a Lidia Papaleo, la que también fue violada y vejada anímicamente por este señor Magnetto. Ella dijo que le daba menos miedo los militares que la torturaban, que la expresión de este señor cada vez que llegaba al centro de detención.
A continuación dejamos al albedrío del lector parte de la carta que mandara Lidia Papaleo, hermana del periodista Osvaldo Papaleo, a Guillermo Moreno, actual Secretario Comercio Interior, encargado de la investigación por parte del Gobierno, sobre lo que está ocurriendo en la papelera cuyo activo está calculado en 5.000.000.000 de dólares:
Carta de Lidia Papaleo
Señor Secretario de Comercio Interior / Señor Licenciado Mario G. Moreno
S/D
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a Usted, a los efectos de cursarle la presente nota, a los fines de que la misma sea considerada como un aporte a la investigación que está llevando adelante. El presente relato comienza con la muerte de mi marido David Graiver, momento en el que vivíamos junto con mi hija menor de edad María Sol, en México. A partir de allí comencé a sufrir terribles presiones vinculadas a nuestros bienes, entre los que se encontraba Papel Prensa SA.
Debo destacar algo muy importante sucedido en la vida de mi esposo. En una reunión social en México, en la hacienda del Señor Gabriel Alarcón (uno de los más importantes hombres de negocios de dicho país), en presencia de la firmante y de su propia familia aconseja lo siguiente en forma textual: “David, vendé Papel Prensa porque te costará tu vida”. La firmante quedó sumamente sorprendida y preocupada. De ello se desprende que este fue el primer aviso que tuve acerca de la problemática de tal empresa. A partir de la muerte de David comencé a sufrir presiones, lo que me llevó al convencimiento de que se acercaban momentos muy duros, pero no de la magnitud de los que después vivimos. Posteriormente, en viajes a Nueva York, donde había residido largo tiempo, amigos estadounidenses me aconsejaban que no retornara a Buenos Aires. Para ellos, no estaban dadas las condiciones ni tenía garantías de que las autoridades iban a ver con buenos ojos que el grupo económico se reordenara.
En ese momento, mi hija tenía 22 meses de edad, mi hermano Osvaldo, uno de mis posibles apoyos, se encontraba detenido en la cárcel de Caseros, a disposición del Poder Ejecutivo, y todo el grupo familiar estaba desquiciado por las presiones por parte de la Junta Militar.
Ante ese panorama, y porque no tenía nada que ocultar, retorné a la Argentina el 16 de septiembre de 1976, convencida que esta es mi tierra, el país de mi hija y que actuando con calma y asesoramiento podía superar el mal trance. Nada más lejos de la realidad. Apenas instalada en las oficinas centrales de las empresas, advertí que los reclamos eran diversos, realizados en medio de un clima de crisis económica de las empresas y al no haber participado de la actividad empresaria de David, no tenía suficiente conocimiento ni capacidad comercial para manejar tantos frentes de tormenta.
Inmersa en los acontecimientos descriptos, es cuando los diarios Clarín, La Nación y La Razón comienzan a ejecutar un plan destinado a apoderarse de las acciones de Papel Prensa SA, de las cuales mi esposo David era dueño en un porcentaje importante que le permitía tener el control societario de la empresa. Además, este operativo involucraba, antes que nada, la intención de la Junta Militar de apadrinar ese despojo y no trepidaron en utilizar todos los elementos de extorsión, intimidación y amenazas a su alcance para lograr el objetivo. En ese estado de terror fui citada para el día 2 de noviembre de 1976, por la noche, a una reunión en las oficinas de La Nación, conjuntamente con los integrantes de la familia Graiver.
Encontrándonos en un amplio salón de reuniones, nos distribuyeron separadamente, de modo tal que los padres de David por un lado, Isidoro con Campos Carlés (quien invocaba ser apoderado de La Nación) por otro. Yo con Magnetto de Clarín, en otros aparte, donde coloquialmente me aseguró: “firme o le costará la vida de su hija y la suya”. No había chances. Lo tuve que firmar sin siquiera haberlo leído.
Quiero finalizar este relato, afirmando una vez más, que todo lo que ocurrió en Papel Prensa SA, a partir de mi cautiverio (14 de marzo de 1977) que nunca hasta el 20 de mayo de 2010 estuve en el lugar, ni concurrí a ninguna Asamblea. Por otra parte, durante mi desaparición con detención fui objeto de torturas que me provocaron graves quemaduras en mis genitales, abdomen y pechos, y que los golpes recibidos provocaron un tumor cerebral, el cual se me operó en la cárcel.
Todo el horror que fue mi vida después de mi secuestro es indescriptible en la serie de perversiones, vejaciones y tormentos a la que fui sometida, no obstante que deseo concluir con la presente reiterando que prefiero ver los ojos y la cara de mis torturadores, antes que ver los ojos de Magnetto en el momento en que me amenazaba para que firmara.
Sin otro particular, lo saludo atte. Lidia Elba Papaleo DNI 4954106
Por cuestiones de espacio, en el próximo número de Ecos de la Región continuaremos comentando sobre los desmanes del Grupo Clarín, Héctor Magnetto y las reuniones con serviles políticos.