Los goles alimentaron la pasión celeste y blanca

Goles son amores dice un dicho y sin duda es cierto. Bajo la luna llena que coronaba el impactante Soccer City de Johannesburgo, Tévez e Higuaín desataron la locura y enamoraron a la hinchada argentina con tres goles que dieron la victoria a Argentina sobre México por 3 a 1 y el pase a cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. El video de los hinchas en la previa al partido.
27/6/2010.

“¡Ole, ole, ole, ole, ole, ole, ole, ola, oooo, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar”!”, coreaban tras cada gol, entusiasmados, los cerca de 20.000 simpatizantes argentinos que alientan a la selección en Sudáfrica.

Los goles no solo son decisivos y aportan el sabor al encuentro sino que pueden provocar todo tipo de reacciones inesperadas. Un grito mirando al cielo, en señal de agradecimiento, un abrazo interminable, un llanto, y también una pelea. Porque el fútbol es pasión y desenfreno.

Había llegado el momento de la verdad y no había margen para el error. México y Argentina repetían la historia y se volvieron a ver en octavos de final como en el Mundial de 2006. Aquella vez, un gol de Maxi Rodríguez en el tiempo extra, a cinco minutos de irse a los penales, dio el pase a los argentinos (2-1) y dejó fuera a México. El recuerdo estaba presente en la memoria de los miles de hinchas que sufrieron la clasificación en Alemania y que ahora miraban a la “Tri” de reojo.

La batalla tenía nueva fecha y hora, 27 de junio de 2010 a las 20.30 hora local en el estadio Soccer City de Johannesburgo ante más de 84.000 personas.

“Creemos en D10S y EL MESSIAS”, podía leerse en una gran bandera colgada en una de las tribunas del estadio.

Una ovación recibió a Leo Messi, emblema del equipo de Diego Maradona, cerebro y líder dentro de la cancha. El dominio celeste y blanco de las tribunas era el primera muestra de poderío ante un México que también contaba con una multitudinaria hinchada.

Llegó el momento de marcar terreno con el ritual por todos conocido.

Cuando la música del himno nacional comenzó a sonar, la tribuna empezó a cantar “oooo, oooo, oooo, oooo”. La cancha se llenó de serpentina, era un estadio local. “¡Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar, que esta barra, quilombera, no te deja, no te deja de alentar!”, cantaban los argentinos mientras ondeaban sus banderas. “¡Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es un inglés”, gritaban sin parar.

La pelota rodó pero el partido estuvo poco emocionante durante los 20 primeros minutos, ahí fue cuando por un error del arquero mexicano, Messi tomó la iniciativa y quiso definir suave por arriba de los defensores, pero el remate fue empujado por Tévez, de cabeza, y en clara posición adelanta.

La hinchada gritó y enloqueció y en medio de la confusión, los jugadores mexicanos rodearon al juez de línea, pero el árbitro terminó dando el gol como válido.

En este clima de tensión y euforia llegó el segundo gol para Argentina, de la mano de Higuaín, quien luego de un error en la defensa mexicana, gambeteó al arquero y definió con clase. El desenfreno se apoderó de los hinchas argentinos, que eran testigos de un momento histórico. Así llegó la hora del descanso, y la pasión llevó a que los jugadores se buscaran para pelear, fuera del campo. Finalmente no pasó nada y todos se fueron a los vestuarios.

México no bajó los brazos, pero el “Apache” terminó por eclipsar al mundo entero con un disparo que clavó en el ángulo izquierdo del arco mexicano. La “Tri” descontó, pero la historia se repitió, con otros actores y en otro escenario. La selección argentina cumplió, fue superior y, con sus goles, sigue alimentando el sueño de campeón.

“Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 86″, cantaban cientos de argentinos, que una vez terminado el partido, se resistían a abandonar el estadio.
Télam.

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