Se inauguró una nueva muestra en el Museo López Claro

Anoche abrió sus puertas “América: barro, pigmento y fuego”, una nueva exposición del Museo Municipal. Está compuesta por cerámicas del reconocido artista plástico y podrá visitarse de forma gratuita hasta el 29 de marzo.
26/2/2010.

Desde anoche, las salas de la Casa Museo Municipal “César López Claro” son el marco para una nueva muestra compuesta por obras del reconocido y trascendente artista plástico. Bajo el nombre de “América: barro, pigmento y fuego”, esta exposición recoge una selección de cerámicas (platos, figuras, máscaras, vasijas y huacos) datadas entre los inicios del ‘50 y principio de los años ’70, incluidas en el denominado período Americano o Postcubista de López Claro.

El acto fue encabezado por el secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad, Damián Rodríguez Kees, que estuvo acompañado por los curadores de la muestra: Vanesa Carli y Sergio Gallo. Además, participaron de la amena ceremonia la subsecretaria de Diversidad y Proyección Cultural Isabel Molinas, miembros de la Asociación Amigos del Museo y María Brizzi, esposa de López Claro.

En el marco de la inauguración, la Compañía Argentina de Danza presentó una propuesta acorde a la temática de la exposición. Para el repertorio completo, compuesto por danzas y música interpretadas en vivo, los dirigidos por Hugo Ifrán seleccionaron piezas de íntima ligazón con las raíces de diferentes pueblos latinoamericanos y, según se explicó, sus interpretaciones fueron fieles a las originales.

La exposición podrá visitarse de forma gratuita hasta el lunes 29 de marzo. El horario de atención del museo es de lunes a viernes de 9.30 a 12 horas y de 17 a 19.30.

Voces

Rodríguez Kees abrió la tanda de intervenciones en la noche inaugural. El funcionario sostuvo que “desde el comienzo de la gestión estamos trabajando con mucho tenacidad, ímpetu y esfuerzo para generar y mantener políticas culturales que se sostengan en el tiempo. Esto incluye, claro, a las diferentes acciones desarrolladas en este Museo: renovación de propuestas, puesta en valor del patrimonio artístico y edilicio y consolidación general de todo lo que en él ocurre”. Luego, tras agradecer y ponderar la labor realizada por los curadores, el Secretario aseguró “el compromiso del Gobierno de la Ciudad para continuar trabajando intensamente en pos de la mejora continua de este importante espacio de arte”.

Raíces latinoamericanas

A su turno, Carli recordó que “con esta inauguración se inicia el ciclo de actividades de 2010 del Museo César López Claro. Entramos así en un año muy particular, ya que en noviembre se conmemorarán 20 años de la fundación de este espacio y, además, estaremos celebrando el Bicentenario de nuestra Nación, un acontecimiento histórico no sólo para la Argentina sino para todo Latinoamérica. Por tanto, todas las actividades que desarrollemos girarán en torno a este hito; trabajaremos, claro, para resaltar la figura del polifacético López Claro, interrelacionando su obra con la temática del Bicentenario”.

Indagando en la esencia de la muestra, la curadora explicó que “la inmensa cantidad de obras con las que cuenta el patrimonio del Museo nos permitió elegir un criterio temático de selección de las mismas. Y, retomando aquello del Bicententario, entendimos importante poner en relieve una selección de la colección de cerámicas del período Americano de César, en el cual se basa en las experiencias que vivió por los países latinoamericanos que recorrió, para tomar elementos sobresalientes de estas culturas y comenzar a desarrollar su prolífica producción”.

Finalmente, Carli destacó que en el recorrido de la muestra uno puede encontrar diferentes tipos de trabajos: desde obras zoomórficas, con alta carga de simbolismo, hasta una colección de platos y piezas planales de César. Además, a modo de evidenciar el proceso de producción, en una de las salas se exhiben elementos originales de la matricería en yeso con que López Claro produjo muchas de sus obras”.

Barro, pigmento y fuego

A su turno, Gallo leyó con elocuencia un texto de su autoría especialmente escrito para acompañar esta exposición. El curador reflexionó en torno a la etapa de la obra de López Claro seleccionada para esta muestra. Sostuvo que en esta propuesta, “resurgen a la luz sus obras cerámicas: platos, figuras, máscaras, vasijas y huacos del llamado período Americano o Postcubista, datadas entre los inicios del cincuenta y principio de los años setenta. López Claro se revela a las etiquetas o encasillamientos ya que en las obras que se presentan surge, con más vigor la raigambre americana. En la tierra trabajada a mano y fuego se manifiesta la vibrante fuerza de las creaciones de los pueblos primigenios, principalmente, de la cultura america-andina”. En este sentido, Gallo continuó argumentando que “las genuinas creaciones artesanales -muchas veces excluidas- del noroeste argentino, de Bolivia, Perú y Ecuador convergen con nuestro artista. Es reeditada la milenaria tradición alfarera del Puno en los ‘Toritos del Pucara’ fiesta en los tiempos de marcación del ganado de carácter mítico-religioso para asegurar fertilidad abundancia y protección de los hogares. Tampoco le es ajeno el contenido mítico, religioso, histórico y sincrético del Carnaval de Oruro con sus diabladas y máscaras; menos aun las mujeres de Bolivia revestidas a puro color en sus faenas cotidianas. Estas consideraciones resultan más que evidentes en los murales de la Sala América, de 1957/1961”.

Siguiendo esta línea, Gallo recurrió a una cita del “prólogo de la muestra ‘América en la plástica de López Claro’ de 1955 en Buenos Aires: Sostenemos, desde hace ya muchos años, que estamos madurando en esta Argentina compleja, aparentemente desconectada del resto de América, pero unida al mismo cordón umbilical que el resto del continente indio común origen de un arte y de un estilo de vida que, quieran o no, duerme y se despierta en la caliente sangre de nuestro pueblo”. Y luego afirmó que “la mirada sensible del maestro no es para nada la visión descuidada e inoportuna de un desprevenido frente a lo distinto, muy por el contrario, es el encuentro del Yo y el Otro que podría resumirse en lo dicho por el crítico J. Garbarino en 1964: López Claro indagó el alma y el paisaje de Indoamérica recogiendo las vibraciones de los seres y las cosas, en esa consustanciación vital que nace entre quien va a encuentro de algo y ese algo que se encuentra: dos sinceridades para una verdad”.

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