Un país agrícola sin paisanos
El territorio de lo que es hoy la Argentina, estaba muy escasamente poblado antes de la llegada de los españoles.
Los pueblos originarios vivían mayoritariamente en lo que se denomina cultura de los “recolectores de alimentos”, un estadio anterior al de la agricultura, generalmente nómades. La introducción por los europeos de vacunos y yeguarizos modificó, y sin duda mejoró, sus condiciones de vida y la satisfacción de sus necesidades.
La estrategia de ocupación territorial de los españoles, para tener alguna presencia en extensos territorios con muy pocos habitantes fue la generación de redes o ejes de pequeños centros poblados para facilitar las comunicaciones, el comercio y la defensa; que generó un predominio marcado de la población urbana, que con diferencia de grado se mantuvo a través del tiempo.
Surgen así constantes de nuestra situación poblacional que marcan fuertemente nuestra historia:
1) Escasa población en relación al territorio: a comienzos del siglo XXI; 14,4 habitantes por Km/2 contra 45,5 habitantes por Km/2 a nivel mundial.
2) Altísima proporción de habitantes urbanos. También en los inicios del presente siglo alrededor del 92% de población urbana mientras a nivel mundial alcanza a solo el 50%.
Argentina, finalmente no se ha podido diferenciar de la situación que, desgraciadamente, caracteriza a la América Latina a nivel mundial: la enorme “brecha” entre ricos y pobres.
Al analizar los últimos censos encontramos la población Argentina dividida en tres tercios casi iguales: 1) La población de la Ciudad de Buenos Aires y los partidos bonaerenses del llamado gran Buenos Aires. 2) La restante que vive en núcleos de mas de 50.000 habitantes. 3) La que vive en urbanizaciones de menos de 50.000 o en el ámbito rural.
A la altísima proporción de habitantes urbanos se le suma una importante “concentración”, la situación se repite en general a nivel provincial.
Alta urbanización, concentración, brecha marcada en la distribución del ingreso, generan el mayor problema, la mayor limitación hacia el futuro de nuestra sociedad: la pobreza e indigencia urbana.
Solamente en el aglomerado bonaerense existen más de 800 villas y asentamientos, donde se estima vive aproximadamente el 16% de su gigantesca población. A esto hay que sumar una proporción similar de habitantes de dicho aglomerado, que carecen de pavimentos y desagües cloacales.
A partir del registro del Censo Nacional de 1970, la población del Gran Buenos Aires cambio la tendencia, ahora crece por debajo (muy ligeramente) del total del país. La concentración apenas se atenúa, pero ya no se acrecienta.
En un libro de texto del secundario de Francia, el capítulo dedicado a la Argentina se titulaba “Un país agrícola sin paisanos” (sin población rural).
Las nuevas tendencias de la producción industrial, que genera menos ocupación con cada vez más capacitación, va agotando o debilitando su rol en la lucha contra la pobreza y la marginación urbana.
El cuentapropismo de muy baja productividad, el llamado “trabajo en negro o no registrado”, el bajo nivel de capacitación, la desocupación y la subocupación son, entre otros, los flagelos a enfrentar en la difícil lucha contra la pobreza urbana; cuya superación no sólo es un problema de justicia; si no también la mayor traba para una transformación positiva y sostenible de nuestra realidad.
Arq. Umberto Terrizzano
Publicado en “Universidad Hoy” Nº 21 – Revista Institucional de la Universidad Católica de Santa Fe.